DOCUMENTOS SOBRE VIOLENCIA ESCOLAR

LA VIOLENCIA ESCOLAR

Tomado del libro “LA MEDIACION UNA SOLUCIÓN A LA VIOLENCIA ESCOLAR Y FAMILIAR” del Lic. CARLO ARTURO MORALES CASTRO. Rector I.E José María Carbonell.  Tel: (2) 3261452 – (2) 3261525 Cali (Colombia)

“…La violencia se produce cuando no podemos poner en palabras nuestros sentimientos y emociones, cuando no se puede poner en palabras se actúa…”

Daniel F Martinez.

Las pandillas y los parches.

En las instituciones educativas son cada vez más reiteradas las situaciones de violencia que comprometen a estudiantes de todas las edades. Están las pandillas o parches que se han convertido en escenarios organizativos de los jóvenes para generar hechos violentos ahora más difundidos por medio de Internet. Se citan en los parques aledaños a sus colegios con la sola intensión de agredirse físicamente sin más razón que el  placer de la adrenalina producida por los hechos. Cuchillos, bates o cadenas son los instrumentos utilizados para agredir al contendor de la ocasión, que para  efectos de la confrontación  no tiene que ser alguien con quien se haya tenido una diferencia. El contendor seleccionado solo debe ser joven y dispuesto a ir al escenario de la gresca. Son varias las situaciones en que jóvenes han terminado heridos o muertos. Esta problemática se presenta en muchas ciudades del país, adquiriendo alcances inesperados.

Los encuentros violentos se presentan especialmente a la hora de la  salida. Muchos se quedan en las afueras del colegio buscando qué hacer. Hay pocas alternativas. No se ofrecen las clases extracurriculares de teatro, fútbol,  básquetbol, pintura o música  que permitan a los jóvenes ocupar su tiempo libre extra-clase. No quieren llegar a la casa, en muchos casos nadie los espera. Papá y mamá están trabajando. El joven queda entonces a la deriva, sin rumbo, es aquí cuando aparecen los líos. Los policías los han detenido por cientos para liberarlos a las pocas horas ante la dificultad jurídica para judicializarlos. Terminan no temiéndole a las detenciones pues ya saben el final.

Los diarios y noticieros registran con frecuencia noticias relacionadas con la violencia escolar. Pero la pregunta es ¿por qué se enfrentan los muchachos?, ¿por qué llegan a la violencia?. Sobre todo una violencia que no tiene el propósito específico de amedrantar a alguien para quitarle algo, una violencia aparentemente sin sentido. Pero si vamos un poco al fondo del asunto le encontramos el sentido. El diario El País registro uno de los tantos enfrentamientos de los muchachos en las calles  de la siguiente manera: “estudiantes que protagonizan peleas callejeras “buscan visibilidad”. Pelear con un compañero de clase por la niña más bonita del salón a ‘punta’ de malas palabras es cosa del pasado. Ahora las rencillas en los colegios tienen un tinte más dramático: alcanzar un alto nivel de reconocimiento, no sólo en el colegio, sino en toda la ciudad”.

Al periodista no le sobra razón al titular así su informe pues en el fondo lo que buscan los jóvenes es llamar la atención, buscan reconocimiento en una sociedad que probablemente no le ofrece alternativas a una energía que busca salida. No hay suficiente oferta de programas artísticos o deportivos que acojan  a jóvenes escolarizados y desescolarizados.  Pero tampoco ofrecemos en las instituciones educativas los suficientes espacios para que los jóvenes puedan expresarse y hacer así visibles sus pretensiones por medio del dialogo. El excesivo autoritarismo en la escuela no deja, a veces, válvulas de escape para que los jóvenes se puedan expresar. Hay que dejar espacios para la participación sino queremos que ese deseo de ser reconocidos, propio de todo ser humano,  se exprese por medio de hechos violentos. Los consejos estudiantiles, la figura del personero, los comités ambientales son excelentes escenarios para que los jóvenes se hagan visibles y obtengan su reconocimiento  sin acudir a la violencia.

El periodista continua su reseña: “Los enfrentamientos se preparan con días de anterioridad y los rivales pueden ser jóvenes pertenecientes a colegios oficiales o también a instituciones privadas de alto reconocimiento. Para hacerse ‘visibles’ se valen de bates, patadas, puños, cadenas y hasta armas blancas. A las citas, que se programan con anterioridad, no sólo van muchachos entre los 12 y 17 años. También asisten ‘peladas’, que casi siempre camuflan las armas”.

El escenario escolar se nos está  convirtiendo en un verdadero espacio donde no solo se planean los enfrentamientos sino también donde se conforman peligrosas pandillas y parches que ya le han ocasionado daño a muchos jóvenes y a sus propias familias.  Son muchos los niños que han tenido que dejar sus estudios por amenazas que han surgido en enfrentamientos al interior de su colegio. Muchos jóvenes efectivamente no han vuelto al colegio por el temor a ser agredidos.

Los estudios de las secretarías de Salud y Educación departamentales indican que el 37,2% de los escolares, entre 6 y 16 años, son víctimas frecuentes de agresión por parte de sus compañeros. De ellos, el 58% son niños; mientras que el 42% son niñas. “Se repite mucho el caso de las intimidaciones y burlas a los niños más pasivos. Las agresiones físicas con armas son menores, pero se presentan”, dijo Iván Osorio, coordinador del Programa Sicólogos en las Escuelas, de la Gobernación del Valle al diario El País.

Según los expertos en el tema la ausencia de un “padre o una madre está llevando a los jóvenes a suplir esa necesidad buscando aceptación dentro de las ‘gavillas’”. Así lo manifestó Luis C. Tenorio, presidente de la Asociación de Entidades Educativas Privadas de Cali. “Hay que emprender acciones preventivas para frenar esta violencia. No podemos esperar a que sucedan las cosas para luego lamentarnos”.  Dijo por su parte Carlos Rojas, ex consejero de Paz de la ciudad de Cali[1]. La violencia de las pandillas y los parches es pues un tema que debemos enfrentar con prontitud sino queremos que alcance niveles inesperados.

El bullying o acoso escolar

Al interior de las instituciones educativas se presenta también el denominado bullying o maltrato entre iguales, una forma  de violencia que se presenta entre los estudiantes, a veces difícil de detectar por parte padres, docentes y directivos docentes, pero que tiene graves consecuencias en la personalidad de quienes lo padecen, en su rendimiento académico y por supuesto en el clima de aprendizaje de la institución educativa.  No es solo que un estudiante se la monte a otro, es ese comportamiento agresivo e intencional que se da repetidamente y a lo largo del tiempo y que puede llevar a la victima a una reacción violenta contra el agresor. Muchas de las peleas que se presentan entre los jóvenes en las instituciones educativas son el resultado de esta circunstancia. Dos niñas o niños se agraden físicamente porque una de los (las) dos no aguanto más el acoso a que fue sometido(a) por el otro.

“…A mi mejor amiga y a mí nos molestan desde hace cuatro años. Estábamos en séptimo cuando todo comenzó. Creímos que podíamos controlarlas porque eran solo dos niñas, pero la situación empeoró porque después eran cinco: nos armaban chismes, nos decían groserías y nos esperaban a la salida para tirarnos piedritas y hacernos encerrona. Mis papás hablaron con las directivas. Las niñas firmaron un pacto para no volvernos a molestar y fue peor porque nos amenazaron. Acabo de retirarme del colegio (estoy en décimo) y mi amiga no quiere volver a estudiar. Ellas siguen estudiando sin problema”[2]. Situaciones como esta se viven a diario en las instituciones educativas ocasionando un daño incalculable a los protagonistas del conflicto. Un conflicto en el que podemos identificar tres actores, claramente diferenciados[3]:

1) El agresor o bully es el que utiliza de forma sistemática el acoso verbal, emocional, físico o social contra alguno de sus compañeros. Generalmente es aquél que padece graves problemas emocionales que pretende superar mediante el uso sistemático de mecanismos de acoso dirigidos contra sus compañeros. No se trata de un joven  que presente las  características del líder natural. Es más, ni siquiera tiene que responder al prototipo del muchacho más corpulento o seguro de sí mismo. De hecho, y  esto conviene destacarlo, si no desplegase comportamientos agresivos permanecería muchas veces en el anonimato. El bully pretende con sus actuaciones alcanzar un protagonismo frente a ese grupo que contempla de forma pasiva su agresión. El bully persigue mitigar la angustia que le provoca su desequilibrio emocional y utilizando el acoso sistemático contra su víctima logra, mediante un típico mecanismo compensatorio, sentirse mejor al ser aceptado por parte del grupo [4].

2) La víctima que puede ser cualquiera de los compañeros del agresor y que frente a la provocación responde negativamente. La víctima puede ser cualquier alumno y esto conviene tenerlo muy claro. Efectivamente existe una creencia errónea en el sentido de pensar que la víctima  responde al estereotipo de muchacho tímido, acomplejado y con ciertas dificultades de relación. Esta idea preconcebida tenemos que superarla porque de lo contrario cualquier intento de resolución de esta problemática resultaría estéril. [5] Muchos jóvenes han decidido no volver a las instituciones educativas sin mayores explicaciones y en muchos casos, se ha comprobado, que estuvo relacionado con el acoso ejercido por alguno de sus compañeros. Las victimas prefieren no confesar este tipo de acontecimientos por no aparecer como cobardes antes sus propios padres o sencillamente por físico temor a las represalias del agresor.

La víctima que carece de mecanismos para defenderse de la agresión sistemática del bullying, la que no responde de forma asertiva a la provocación,  se puede sumergir rápidamente en un proceso de culpabilización muy destructivo. En este último caso la víctima se pregunta ¿por qué a mí?, ¿por qué me han elegido a mí?. Incapaz de dar una respuesta satisfactoria tiende pues a culpabilizarse y considerar que si sufre estas agresiones es porque realmente es merecedora del castigo[6]

Las tres únicas salidas que tiene la víctima, en el caso de que no haya ningún tipo de intervención para resolver el problema son:

a)    Convertirse ella misma en agresor.

b)    Lesionarse a sí misma, mediante conductas destructivas: Cuadros de  anorexia nerviosa, bulimia, stress post-traumático…

c)    El suicidio. La autoestima está tan lesionada que se acude a la propia destrucción como única vía de escape. Y en estos casos, insistamos en ello, no podemos hablar necesariamente de patologías previas que aboquen a esta decisión sino a una pérdida total de la propia estima, a una terrible angustia generada por la tortura que supone el proceso de bullying.

3) El grupo que actuando como mero espectador ante el acoso contribuye con su silencio al maltrato. El grupo también maltrata, no es en modo alguno un espectador inocente ya que colabora con su pasividad a que se de el abuso de poder que supone el bullying. El grupo es también responsable de lo que ocurre, es un protagonista activo del acoso al que es sometida la víctima. Sus integrantes, temerosos muchas veces de poder ser escogidos ellos mismos como posibles víctimas por el  agresor, prefieren esconderse en la protección que ofrece el anonimato. Su papel, como espectador complaciente, es el que, no olvidemos, estimula el afán de protagonismo del agresor.

Cuando el acoso es descubierto los agresores intentan diluir su responsabilidad en ese grupo que han venido liderando únicamente gracias al acoso ya que, como dijimos, carecen de las dotes positivas del líder natural.

Sin despreciar por supuesto las graves consecuencias que pueden acarrear los actos de violencia física, no podemos olvidar cómo las agresiones psíquicas que anulan la personalidad de la víctima son también extremadamente peligrosas. Los insultos, las burlas, la exclusión del grupo pueden desplegar efectos extremadamente dañinos.

La conclusión que se desprende de este breve análisis es que necesariamente cualquier estrategia que pretendamos desarrollar para resolver los problemas del acoso escolar tiene que tener presente qué actores participan en el mismo, sin despreciar pues el importante papel desempeñado por el grupo, y por supuesto debe de conocer los mecanismos desplegados por el acosador para ocultar su responsabilidad así como las formas de agresión utilizadas, que no se limitan en modo alguno a las propias de la violencia física [7]

Estas manifestaciones de violencia: las pandillas y el bullying o matoneo escolar tienen a la comunidad educativa en una verdadera encrucijada.  Docentes y Directivos Docentes por momentos no sabemos qué hacer. Por su parte, los padres tampoco. Tenemos la obligación moral y legal de hacer todos los esfuerzos por educar a estos jóvenes que han encontrado en la violencia el camino más equivocado para ser protagonistas, pero la tarea es bastante difícil porque los mismos  medios de comunicación, que deberían hacer una labor educativa, por el contrario emiten programas que hacen apología de la violencia.  En muchos casos son las mismas familias las que carecen de las bases morales necesarias para impartir una educación proclive a una sana convivencia.

La mediación una alternativa frente a la violencia.

La violencia entre los jóvenes es, en parte,  resultado de un trámite equivocado de los conflictos que a diario tienen en la dinámica escolar. Un roce físico, el cruce de dos palabras mal interpretadas, un gesto aparentemente ofensivo, un comentario, que dijeron, que no me dijeron, en fin son múltiples las situaciones, generalmente muy sencillas que pueden llevar a dos jóvenes o a un grupo de jóvenes al enfrentamiento violento.

Para prevenir y disminuir  la violencia escolar debemos fortalecer la formación de valores, el respeto por los derechos humanos pero muy especialmente  el  dialogo. Los jóvenes llegan a la violencia por la dificultad que tienen para dialogar.  Debemos confesar que esta dificultad también la tenemos docentes y directivos docentes. Siempre ha sido y es más fácil sentarse a dialogar si tenemos un mediador que facilite el encuentro entre las personas inmersas en un conflicto. Un presupuesto importante para implementar esta iniciativa es la disposición que manifiestan los estudiantes a colaborar y ayudar a sus compañeros, “Los propios alumnos con sus lazos de amistad y otros compañeros del propio centro y aula son los agentes educativos que ayudan, amparan y escuchan a sus propios compañeros en situaciones de riesgo o de agresiones”[8].

La entrada de docentes y directivos docentes al mundo de los jóvenes es más complicado por las barreras existentes producto de las diferencias generacionales. Pero ellos, los jóvenes están ahí, en su medio, se conocen y por tanto su intervención es más factible. “Esto nos indica que son los propios compañeros los agentes que más influyen en una intervención eficaz en temas de agresiones dentro de la escuela al igual que apoya la idea de que los propios alumnos son capaces de responder adecuadamente en los conflictos que surgen de su interacción”.

La intervención de los mediadores escolares  es una excelente alternativa para buscar disminuir los índices de violencia tan preocupantes en muchas instituciones educativas. “Debemos de ordenar la convivencia escolar desde el modelo integrado de afrontamiento de los conflictos. Este modelo incluye tanto la aplicación de la normativa y los procedimientos sancionadores de las escuelas, como la atención a la persona con nuevas propuestas basadas en los principios de resolución de conflictos y para su reparación como para la resolución del conflicto que lo propició, con la búsqueda de acuerdos o consensos que favorezcan la reconciliación de las partes y la moral autónoma.”[9] En este contexto surge la mediación como una propuesta  para su implementación  en las instituciones educativas. Es una propuesta para prevenir la violencia escolar

La mediación escolar  es una estrategia de la  tendencia educativa que valora la participación activa de los agentes en conflicto. También aborda una incorporación  de elementos de toma de decisiones y ciudadanía en el currículum oculto de las escuelas. Asimismo, se pretende dotar y permitir que los alumnos propongan soluciones a los problemas de relaciones interpersonales, disciplina y maltrato en el medio escolar. En definitiva se valora la  intervención de un gran número de miembros de la comunidad en el mantenimiento de la buena convivencia y el respeto a la persona.

[1]           Diario El País.

[2]           Revista Cambio noviembre de 2006

[3]           Rabasa Sanchis, Beatriz. La conflictividad en los Centros Docentes y la Mediación Escolar. Grupo Editorial Universitario

[4]           Ibid.

[5]           Ibid.

[6]           Ibid.

[7]           Ibid.

[8]           Ibid.

[9]           Ibid.

Puede encontrar también información en los siguientes documentos.

ORIGENES DE LA JUSTICIA RESTAURATIVA

escuela y justicia restaurativa