LOS DESARROLLOS DE LA MEDIACION EN EL CARBONELL

Actualmente tenemos mediadores de conflictos en cada una de las sedes  y jornadas de la I.E JOSÉ MARIA CARBONELL. Con la formación que han recibido tienen la capacidad de intervenir en los conflictos que tengan sus compañeros. Pueden llevarlos a tener un acuerdo y a superar sus diferencias.

EL RELATO: RESEÑA DE LA EXPERIENCIA 

Tomado del libro “LA MEDIACION UNA SOLUCION A LA VIOLENCIA ESCOLAR Y FAMILIAR del Lic. CARLOS ARTURO MORALES. del Lic. CARLO ARTURO MORALES CASTRO. Rector I.E José María Carbonell.  Tel: (2) 3261452 – (2) 3261525 Cali (Colombia

 1.- ANTECEDENTES DE LA IDEA DE LA MEDIACIÓN.

Soy rector de la IE José María Carbonell desde abril del año 2002. Primero como rector encargado  y luego en el 2005, al ganar el concurso de la Comisión Nacional del Servicio Civil, nombrado en propiedad. En el año 1992 me vincule a un programa de la Presidencia de la República que, en convenio con la gobernación del Valle del Cauca y el programa DESEPAZ de la alcaldía de Cali, buscaba cumplir con el mandato que la  recién promulgada y novedosa  Carta Política de 1991, le hizo a los diferentes estamentos del gobierno, de difundir los derechos humanos  entre todos los colombianos, especialmente en la escuela.

A partir de ese año  he reflexionado, escrito y  promovido, con gran compromiso, el respeto por los  derechos humanos y la democracia escolar. En mi ejercicio profesional y personal he estado siempre en la búsqueda de más y mejores herramientas conceptuales y metodológicas  para fortalecer la cultura de la convivencia pacífica. Tengo la profunda convicción de que es realmente posible lograr una mejor convivencia si logramos educar a los habitantes de este país en los derechos humanos y en los principios democráticos. Si desde las instituciones educativas hacemos un mayor esfuerzo en este aspecto, lograremos avanzar mucho más en el sueño que tenemos todos los colombianos de ser reconocidos,  más por nuestras múltiples virtudes, que por los hechos violentos que nos han hecho famosos  en el mundo.

La promoción del civismo y la formación del  buen ciudadano se ha convertido en un propósito esencial de mi vida.  Hay aquí una conexión con mi trayectoria de lucha política por la democracia y el respeto por los derechos humanos. En la  idea de la construcción de ciudadanía se sintetiza la lucha por la democracia. Sin democracia no hay paz. La democracia se sustenta en los valores esenciales para vivir en paz: La libertad, la igualdad, la fraternidad, la salud, la vivienda, el trabajo, la alimentación y el diálogo como estrategia básica en el trámite de los conflictos.

Por estas razones me ha fascinado una de las  frases centrales de la  UNESCO: “puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz”. Si hacemos énfasis en la formación de valores de nuestros estudiantes, sin duda estaremos haciendo una gran contribución a la paz. Si insistimos en la buena educación, en las buenas maneras, en  el trato respetuoso que debemos dar al otro, los niños y las niñas que  graduamos en  nuestras instituciones serán mejores seres humanos.

En este contexto filosófico y político, sumado a  mi calidad de rector del colegio Carbonell, la  problemática de violencia entre los jóvenes de mi colegio y un curso de justicia restaurativa   que tuve la oportunidad de hacer en el año 2007, surge la idea de desarrollar la mediación escolar como una estrategia para tramitar los conflictos  y formar a mi comunidad educativa en el respeto por los derechos humanos y los principios democráticos.

 2.- EL ORIGEN DE LA MEDIACIÓN COMO UNA SOLUCIÓN A LA VIOLENCIA ESCOLAR EN EL COLEGIO CARBONELL.

La  violencia juvenil llego al Colegio Carbonell de la mano de un significativo y planeado crecimiento del número de estudiantes atendidos. Entre los años  2003 y 2007  pasamos de 1480 a 2500  estudiantes. Crecimos sin criterios de selección, recibimos todo estudiante que llegó solicitando un cupo. Nos interesaba llenar las aulas. Hicimos una gran labor de crecimiento que favoreció a muchas familias, especialmente de nuestra comuna. Pero también aumentaron nuestros problemas de convivencia. Algunos niños y niñas venían con problemas disciplinarios de otros colegios y se incrementaron angustiosamente los conflictos. Tuvimos más peleas en las aulas de clase y en los diferentes espacios institucionales. Aparecieron pandillas organizadas dentro y fuera del colegio, generándose un ambiente tenso que a todos nos intimidaba. Las peleas  entre los estudiantes del colegio o con los estudiantes de los colegios aledaños se hicieron repetitivas y cada vez más preocupantes.  En varias oportunidades me toco  recibir a más de treinta  niños y niñas  que habían sido llevados  a una inspección de policía cercana, después de una riña callejera.

Los hechos violentos en los pasillos o en las aulas de clase se hicieron reiterados por las razones más elementales: un roce físico, el cruce de dos palabras mal interpretadas, un gesto aparentemente ofensivo o  un comentario. La oficina del coordinador disciplinario se mantenía ocupada de estudiantes  citados  por estar involucrados en peleas con sus compañeros.

Los profesores se sentían supremamente estresados por la actitud violenta y retadora de los estudiantes. Los padres de familia manifestaron reiteradamente su preocupación, pues temían  que a sus hijos pudiera pasarles algo dentro o fuera del colegio. La fama de colegio violento nos arropó rápidamente.

Mi angustia fue en ascenso, al sentirme responsable de lo que pudiera pasar a mis estudiantes. Sobre todo, sentía mucho temor cuando al terminar la jornada, niños y niñas se agolpaban en las afueras del colegio para enredarse en insultos y agresiones físicas. Era muy común que llegaran allí estudiantes de otros colegios para buscar bronca. En alguna ocasión fue necesaria mi intervención para evitar,  que una niña de unos dieciséis años, acompañada de otros cinco truhanes de la misma edad, ajenos a la institución, agredieran con bates de beisbol  a estudiantes de nuestro colegio. En esa oportunidad estuvimos muy cerca de ser víctimas de una agresión.

Frente a estas circunstancias me propuse  buscar herramientas para  enfrentar el problema. Hice una amplia revisión bibliográfica  y me encontré con la  mediación  como una estrategia adecuada para prevenir y tramitar los conflictos entre los estudiantes. Me sorprendió no haber hecho antes  este hallazgo, trabajando tantos años en derechos humanos y democracia escolar. Especialmente, como he sabido, que desde hace ya varios años, la mediación se viene implementando con éxito en la prevención y el trámite de la violencia entre estudiantes, en muchas instituciones educativas de Colombia, EE.UU y España.

Me dije a mi mismo: “…si esta estrategia ha funcionado en otras instituciones, veamos si funciona en el Carbonell…”. Así es que en el mes de octubre del año 2007  tome la decisión de comenzar la implementación del proyecto de mediación escolar  y de orientarlo directamente para darle mayor funcionalidad y eficiencia en la ejecución. Con gran entusiasmo y con algo de temor por cierta incertidumbre sobre los posibles resultados, pase por cada uno de los salones de clase de los grados 6º a 11º, les explique a mis estudiantes en qué consistía la mediación escolar y  les pregunté a quiénes les interesaba desempeñar ese papel en el colegio. Me respondieron positivamente cincuenta estudiantes,  con los cuales ejecutamos un proceso de formación de treinta horas en los siguientes temas: conflicto, derechos humanos, comunicación, manejo de las emociones y las técnicas específicas para realizar una mediación. Con estos estudiantes iniciamos las intervenciones como mediadores en las peleas y conflictos que se presentaron  en el colegio a partir de la fecha.

3.- ASÍ OPERA LA MEDIACIÓN.

Muy pronto empezamos a ver resultados positivos. Algunos niños y niñas, que se habían involucrado en un enfrentamiento y  accedieron a utilizar el recurso de la mediación, pudieron superar sus diferencias y restablecer sus relaciones. Al ver la  eficacia del procedimiento en la superación de la violencia en el colegio, durante los meses  de  junio  y julio del año 2008, adelantamos un proceso democrático con la participación de  representantes de la comunidad educativa con el propósito de  introducir la mediación  en nuestro Manual de Convivencia.

En este nuevo Manual de Convivencia aprobado en julio de 2008, establecimos sobre la mediación, entre otros aspectos, su confidencialidad, efectos que trae para las partes, el procedimiento para solicitarla y cuáles asuntos pueden ser tratados con este recurso. También creamos jurídicamente el Centro de Mediación Escolar, un espacio ubicado en la sede de secundaria del colegio, decorado con frases alusivas a la promoción de la convivencia pacífica y a cargo del mediador más destacado en cada jornada. En este espacio físico ubicamos una mesa y cuatro sillas para que puedan reunirse tranquilamente, en un ambiente propicio para el diálogo, los mediadores y los niños y/o niñas conflictuados.

En el Manual de Convivencia se estableció que los estudiantes que tienen un enfrentamiento violento  son citados o llevados ante el  coordinador. Este  les lee algunos apartes del Manual de Convivencia relacionados con la mediación y les pregunta si quieren la asistencia de un mediador para tramitar el conflicto en que se han involucrado. Inmediatamente el coordinador, actúa como juez de reparto, escogiendo dos  mediadores del listado de  su jornada, lea asigna el caso y se ponen de acuerdo sobre el día y la hora en que se realizara la mediación. Esta se hace en el centro de la mediación.

En el Manual de Convivencia quedo establecida  “la rebaja de penas” o disminución de la sanción, como un atractivo,  para que quienes se enfrenten violentamente accedan a la mediación y lleguen a un acuerdo.  “…Si me salí de casillas y me agarre a golpes con mi compañero, pues tendré una sanción, pero si voy a la mesa de mediación y llego a un acuerdo de convivencia pacífica podré lograr que se me disminuya la sanción, incluso, que me exoneren de ella…”. Esta circunstancia ha fortalecido en el imaginario colectivo de los estudiantes la idea de que “el mediador puede ayudar para que no me echen del colegio””.  El mediador deja de ser un  “sapo” para convertirse en “un estudiante que ayuda”.

Ya en la mesa de mediación, el mediador aplicará las técnicas aprendidas, ampliamente documentadas en este libro y buscará que los actores del conflicto lleguen a un acuerdo y firmen  el acta donde se ratifican los compromisos. Esta debe ser entregada  al coordinador quien la tendrá en cuenta para tomar las decisiones disciplinarias. Si hubo acuerdo y reconciliación habrá disminución de la sanción. En algunos casos el acuerdo puede anular la medida sancionatoria.

El mediador hace seguimiento al acuerdo entre los actores del conflicto para verificar el cumplimiento de los compromisos adquiridos y  que las relaciones entre los estudiantes se hayan restaurado. En el ciento por ciento de los casos se  superaron  las diferencias entre los actores en conflicto. La mediación logro que quienes se enfrentaron, no lo volvieran a hacer. Se evitaron, de esta manera, posibles hechos violentos que  podían involucrar a  otros actores. No siempre los conflictuados quedaron  como los mejores amigos, pero la mediación logro parar las agresiones e impedir la escalada del conflicto.

El éxito o el fracaso de la  acción mediadora depende, en un altísimo porcentaje, de la  capacitación y entrenamiento que el  mediador haya recibido. Las  habilidades y destrezas del mediador son definitivas a la hora de lograr un acuerdo. Entre más capacitación, más recursos tendrá el mediador, para llevar el proceso en la mesa de mediación o en la cotidianidad de las aulas y los pasillos de la institución. En el colegio Carbonell  gracias a la capacidad de los mediadores, niños inicialmente renuentes al dialogo después de una pelea, terminaron reconciliados en la mesa de mediación.

Para hacer seguimiento al proceso me reúno cada quince o veinte días con el grupo de mediadores. Evaluamos el  clima institucional. Les pregunto sobre la convivencia en las aulas de clase y sobre las relaciones de niños y niñas en los diferentes espacios institucionales. Hacemos un verdadero monitoreo de la convivencia. Cuando encontramos brotes de violencia, yo me retiro de la reunión y ellos de manera autónoma elaboran un plan de acción para superar las dificultades. Al dejarlos solos, les entrego la confianza y el poder de decidir las acciones más convenientes a desarrollar. Este me parece un hecho esencialmente democrático que contribuye en la formación de los mediadores como seres autónomos  y empoderados para realizar su tarea.

La metodología en la implementación de la mediación es muy participativa y democrática. No puede ser otra, porque aquí la filosofía es el despliegue del poder, es la delegación del poder  a los muchachos para que ellos intervengan y decidan. Si no existe esta filosofía es muy difícil adelantar la mediación. Al estudiante mediador lo vemos y lo asumimos como un protagonista. No es un simple receptor al que se le capacita. Lo asumimos como una persona  a la que se le entrega todo el poder, todas las herramientas y toda la confianza para que actuara en los conflictos de sus compañeros. Este  es un principio fundamental de la mediación.

La mediación es un proceso estructurado pues tiene una secuencia,  recursos y técnicas  específicos.  Confiere protagonismo a las partes. El acuerdo  a través del cual se resuelve el conflicto o la disputa depende exclusivamente de la voluntad de las partes, el mediador no está autorizado para imponerlo.

Los actores del conflicto son autónomos en las decisiones que tomen con la ayuda del mediador. Este será el encargado de facilitar un acuerdo que favorezca a las partes y ser lo suficiente hábil para estimularlo. Las partes no pueden tomar una decisión que esté en contra del manual de convivencia de la institución. Queda prohibido acordar algo ilegal  o llegar a un acuerdo que sea a expensas de una tercera o terceras personas.